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Julio Verne y la fábrica de chocolates. ¿?

Actualizado: hace 2 días

En el esplendor de la niñez las portadas de los libros de Julio Verne me cautivaron completamente. Uno a uno leí casi todos sus libros y recreé con figuras de papel, recortes y plastilina las escenas que más me impactaron en ese entonces. Paralelo a ello disfrutaba comiendo chocolates, chocolates blancos caseros que yo mismo hacía con el propósito de darle a mi paladar ese gusto dulce que tanto atrae a los niños y niñas… (y por supuesto también a los adultos).


Mientras más viajaba con Julio Verne más chocolates hacía y noté que habían de sobra, así que pensé en ofrecerlos a los vecinos con el permiso de mis padres. No era un negocio en sí, era más un supuesto impulso de ganar dinero. Con ese escasísimo dinero podía comprar algo de material y así continuar con mis escenografías en miniatura basadas en los mundos de Verne y por primera vez interioricé la creatividad como un acto no solo de hacer sino también de explorar y paralelo a ello nombré mi producción de chocolates como “La fábrica de chocolates de Julio Verne”.


Algunos meses después (por sincronicidad que entiendo ahora) llegó a mi el libro “Charlie y la fábrica de chocolates”, título el cual se me hizo tan incómodo como inquietante, para mi niñez la única y real fábrica de chocolates era la de Julio Verne y de la nada apareció competencia, lo cual en el el sentir del niño creó confusión.


"Forzadamente" y guiado por mi "instinto niño" me adentré en la historia y vida de Charlie y entendí y comprendí de mejor manera el significado de pobreza y avaricia, el mundo de Julio Verne se fue construyendo de otra manera en su propia fantasía (ficción que nunca he dejado a un lado). Con escasos años me adentré algo más “en la vida real”, dejé un poco atrás tal ficción lo cual potenció el nivel de creatividad y exploración del Ser humano y sus diferentes condiciones de vida en un plano un poco más concreto y comprensible en ese entonces para mi edad .


Esta “nueva” expansión de creatividad en la niñez y la asociación de ideas con el sentir y la visión que tenía del entorno empezó a tomar otras dimensiones, ya lo recreado y creado no podía ser solo para mi, tenía que tener un objetivo más allá que beneficiara a los demás… esto era mi consigna en la niñez, mi argumentación era pobre en palabras pero rica en significado y propósito: "para los demás" me cambió la vida.


Ahora en la adultez como profesional no sólo creativo del Ser sino profesional creativo también que ejerce su profesión para los demás percibo cuando ese niño me habla y entiendo que debo establecer comunicación conmigo mismo para crear(me) y recrear(me), así que viajo a mi niñez y recuerdo las formas de los chocolates caseros, recuerdos mis lecturas y le agradezco a Charlie y a Willy Wonka su presencia. Éstas conversaciones y visiones entrañables se dan en la luna, en la isla del tesoro, en el centro de la tierra o en las profundidades del mar, allí encuentro a mi niño interior con quien jamás he perdido contacto y lo observo en esos lugares donde se sienten "a flor de piel" aquellos momentos fantásticos de la niñez. Me conecto con él y le pregunto si “el Yo hoy” es lo que queremos de mi.


Una y otra vez hago la misma pregunta y a través del lenguaje intuitivo descubro que durante el recorrido hacia el encuentro con ese niño el camino va mostrando señales e indicaciones. Al conectar con él he comprendido que las respuestas siempre han estado presentes en este "hogar cambiante exploratorio" y éstas van siendo reveladas en su preciso momento, momento establecido y perfeccionado para integrar, comprender y proseguir hacia otros destinos.


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