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Entre el movimiento de la quietud y el entorno que nos rodea.

Actualizado: hace 2 días

Empezamos afirmando que nada es estático ya que bajo la aparente “parálisis” siempre se mantienen activados flujos energéticos. La quietud o estaticidad (según nuestra percepción) es el momento y enlace entre los pensamientos y el silencio donde el sonido interior queda cercado dentro del “ruido” exterior.


La quietud no conoce fronteras puesto que es expansión y límite en si, es el balance entre varios mundos, es eco y voz, espejo y reflejo y se puede concebir también como un interludio que comunica pero con cierta reserva. Por más ambivalente y ambigua que “parezca” es precisa, se percibe, se muestra, sentimos y reconocemos su estado, estado que trasciende, pausa íntima la cual se mueve fuera de las dimensiones del tiempo y del espacio. Este “momento catalizador” estimula el trance entre presencia - ausencia y conectividad, ella misma es su (nuestro) territorio primario… que va siempre en expansión aunque no lo notemos.


En esencia, la quietud es un mecanismo de revelación eo ipso que nos permite vibrar en concordancia con la energía del universo y para llegar a ella se necesita de estímulos, incentivos (todo ha de ser motivacional) e impulsos que luego se revierten en un movimiento hacia la inacción e inmovilidad.


Algunos agentes externos distorsionan la consecución de ese equilibrio e “intervalo de tiempo estático” necesario entre nuestro Ser y el cosmos... Se trata de escuchar la pausa, sentirla, percibirla para generar un estadio mental, espiritual y emocional adecuado para estar inmersos y permanecer en éste estado inmóvil.


A nivel físico- espacial se puede precisar de cualquier lugar para ubicarnos y proyectarnos en ella (dependiendo de nuestro conocimiento, entrenamiento y prácticas para encontrarla). Establecer e identificar un ambiente material o lugar para entrar en “modo quietud” es un buen comienzo para iniciar la praxis, así recibimos estímulos para poder transitar por un camino fluido, natural y sencillo con el fin de introducir este preciso momento y estado en nuestras vidas.


En los espacios tridimensionales que nos cobijan y resguardan vemos porciones de nosotros mismos, vínculos y otros elementos que son una extensión de nuestro Ser… (Debería ser así y no una sumatoria de enseres y accesorios decorativos y funcionales). Debemos proporcionar(nos) lugares “para vivir” o espacios dentro de nuestras viviendas que sean “uno con uno mismo” es una tarea primordial para abstraernos del exterior y su ruido, de ahí podremos conseguir el máximo bienestar y libertad en la mayoría de expresiones posibles y sin condicionantes. Estos espacios dotados de nuestra esencia nos ayudan a conectar, canalizar y transmutar.


Ahora pensemos: ¿Nuestros hogares están impregnados de nuestra magia?, ¿realmente son nuestro reflejo?... ¿sentimos que vivimos en ellos o simplemente los habitamos?, ¿podemos estar en “plena quietud” en algún lugar de nuestra vivienda?, por resonancia… ¿Cómo nos gustaría que fuera ese lugar?.


Para esto los invitamos a detenerse y reflexionar sobre nuestros ámbitos y entornos para entender y establecer la relación entre lo que verdaderamente nos motiva y nos ayuda a conseguir esa realidad que queremos vivir y deseamos experimentar en el aquí y ahora. Para ello es bueno indagar y preguntarnos si nuestras viviendas son concordantes con nuestra esencia y si la atmósfera que nos rodea es correspondiente a nuestra intimidad. Detrás de cada objeto, color, mueble, espacio, forma, etc, hay una energía, hay un eco y una prolongación de nuestra existencia. ¿Verdaderamente lo sentimos de ésta manera?.


En resumen proponemos diferenciar lo decorativo, estético y funcional de “lo que es con nuestro Ser y que va más allá de su materia”.


Descubramos si nuestros hogares son fuente y motivo para acoplarnos y armonizar con la estaticidad, con la pausa, o si son básicamente “funcionales y bonitos”. Entremos en su mística y encontremos sus desequilibrios y compensaciones, repensemos que es lo que trasciende más allá de su forma y calidad espacial y repasemos que espacios, rincones. áreas y elementos nos generan impulsos energéticos positivos para enlazar y sentir que nuestro entorno fluye con nosotros y conversa e interactúa con el universo.


Exploremos a través del movimiento interior el poder de la quietud, guiémonos por la intuición del Ser y el Estar desplazándonos dentro de ella para que nos conduzca a nuestro mar interior, reconozcamos nuestros lugares habitacionales, costumbres y acciones conscientes que realizamos dentro ellos, adentrémonos en nuestro Ser y en la espacialidad donde nos movemos y comprobemos por nosotros mismos la ley de correspondencia que establece que “como es adentro, es afuera”.


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